Por casi tres décadas, Samuel Ramey ha reinado como uno de los primeros intérpretes del mundo en la cuerda del bajo y del bajo-barítono operático, así como del repertorio para concierto. Asombra la flexibilidad con la que él domina una vasta gama del repertorio que abarca virtualmente cada estilo musical, desde la fioratura de Argante en Rinaldo de Handel, rol con el que hizo su afamado debut en el MET en 1984, hasta el dramatismo propio del rol titular en el Castillo de Barbazul de Bartok que él cantó en una nueva producción en la ópera metropolitana televisada por PBS. Las interpretaciones del Ramey abarcan el belcanto de Bellini, Rossini y Donizetti, los papeles líricos y dramáticos de Mozart y de Verdi y los roles heróicos del repertorio ruso y francés.La combinación del vocalismo de Samuel Ramey, su excepcional musicalidad, su elegante presencia en la escena, y sus capacidades de teatro no comunes le permiten retratar una variedad amplia de personajes del protagonismo agudo - legero como el Fígaro de Le nozze di Figaro, hasta el torturado Filippo II de Don Carlo, desde el aterrorizante Huno de Attila de Verdi al aterrorizado zar ruso, Boris Godunov de Mussorgsky; del libertino caprichoso de Mozart, Don Giovanni al dedicado predicador Olin Blitch en Susannah de Carlisle Floyd; del sobrio y profundo Kutuzov Guerra y Paz de Prokofiev hasta el rol cómico titular en Gianni Schicchi de Puccini; del benévolo Giorgio en I Puritani y Raimondo en Lucia di Lammermoor a las encarnaciones siniestras del diablo en Fausto de Gounod, Mefistófeles de Boito, y la Damnación de Fausto de Berlioz.
La expresividad única de la voz grave inspiró a muchos compositores que asignaron la representación de diablos y de bandidos a los bajos, y es en éste el repertorio en que Ramey ha establecido una reputación sin igual en el mundo musical. Méphistophélès en Faust de Gounod se ha convertido en su papel más representado con más de 200 funciones en más de veinte producciones. Él es igualmente bien conocido en casas de ópera y salones de conciertos a través del mundo entero para sus representaciones de Mefistófeles de Boito, incluyendo más de 70 funciones en la producción de Roberto Carsen de este trabajo creado específicamente para Ramey; el Diablo de Berlioz' en el Damnación de Fausto, la sombra siniestra en The Rake Progress de Stravinsky y la fuerza de los cuatro bandidos en los Cuentos de Hoffmann de Offenbach. En 1992 Ramey cantó a todos los bandidos de Offenbach para la noche de abertura de la ópera metropolitana, incitando a un crítico escribir, “Fue la mejor interpretación de los cuatro bandidos que puedo recordar en los 25 últimos años. Éste es la materia del cual se hacen las leyendas operáticas.” En 1996 Ramey presentó un concierto vendido en Avery, Nueva York titulado "Una Cita con el Diablo" en el que cantó catorce arias que representaban al siniestro personaje de este repertorio, y continúa viajando con este programa a través del mundo. En el año 2000 Ramey presentó este concierto en el Salón de Conciertos Gasteig en Munich. Esta función fue registrada por Naxos Records y fue lanzado en CD en el verano del 2002.
Sin duda alguna la capacidad asombrosa de Ramey para abordar diversidad de roles y tessituras, lo condujeron a un destino inevitable como al mitológico Ícaro. Terminó por quemarse las alas a si mismo. Ramey, en la actualidad adolece de un vibrato excesivo que sin embargo no ha afectado su belleza tímbrica y su enorme diapasón. Pero no se puede negar que no es el de antes. Mas, por sobre todo esto, Ramey se convirtió en el bajo que más grabó en toda la historia de la ópera, tanto para el audio como para el video. Vale recalcar sin duda, que lo mejor de lo mejor de Ramey es aquello que lo llevó a su histórico debut como Assur: su técnica belcantista, su dominio de la respiración descomunal que le permite lo inimaginable, su perfecta y 'demoniaca' coloratura, ganándose el estrellato por sobre tenores y sopranos, volviéndose el protagonista. Siempre que se habla de Ramey, es grato recordar sus lecturas e interpretaciones de Gianetto de la ópera "La gazza ladra" de Rossini, su irrepetible Lord Sydney de "Il viaggio a Reims" del mismo compositor, su estremecedor Assur de "Semiramide" también de Rossini tal como su "Mustafa", divertido, buffon, pero jamás ridículo. Su Raimondo de "Lucia di Lammermoor" de Donizetti es paralizante, intenso y real (la producción Ramey, Carreras, Caballe) es simplemente un monumento al Bel Canto, una clase magistral de técnica y estilo.

En la temporada actual del MET Samuel Ramey está incluído dentro de uno de los elencos de fiesta de la venidera sesión de la neoyorquina casa de ópera.
Por siempre, BRAVO, Samuel Ramey.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada